domingo, 14 de agosto de 2011

El Regreso a Avignon

Escribo esta entrada de noche, sentado en una butaca que tengo en la azotea de mi casa de la playa de Chipiona. Entre mis manos el portátil, a su lado en la mesa un vaso con una tónica. La noche está fresquita y ya he visto alguna perseida, aunque espero ver alguna más a pesar de la Luna.

Sin embargo, no quiero hablar de las lágrimas de San Lorenzo, ni de la magia de esta noche fresquita, con el dulce olor a mar. Quiero escribir sobre esta tarde, sentado en la orilla de una playa blanca, con la brisa marina sobre mi rostro, bajo la sombra de mi sombrilla, una botella de agua fresquita, la campana del vendedor de helado, al que más tarde compraré, y a la derecha un imponente faro de 62 metros de altura, construido con la piedra ostrionada que de vez en cuando asoma en la marea baja que hemos tenido. A la derecha un grandioso templo neogótico que se asoma detrás de unas palmeras. En mis manos el libro, y en el horizonte, al final del mar, la puesta de sol.

De pronto, todo desaparece, no hay faro, ni mar, ni santuario, de pronto estoy, nada más y nada menos que en Avignon, con Luisa y Charles, viendo cómo nace una amistad entre ellos motivada por una pasión, compartida por ellos y por mí, hacia la investigación histórica. Todo ello gracias a una decisión valiente de huir, por paradójico que parezca calificar la huida de valiente. Una inquietante historia de un jarrón de leyenda, perteneciente a la época en el que el poder de la Iglesia corrompía la curia que se establecía en la ciudad francesa. Esa es la época del jarrón que Luisa compra a Charles ya en nuestra época, y que motiva la amistad y el amor entre ambos.

Reconozco que cuando compré el libro EL REGRESO A AVIGNON, lo hice al principio por amistad, por solidaridad de una amiga, cuando iba a comenzar a leerlo pensé que al hacerlo inmediatamente después que el de Umberto Eco, El Cementerio de Praga, iba a notar mucha diferencia literaria. Pero mi sorpresa fue muy grata. El libro de Teresa Fernández Serrano, de mi amiga Teresa, cuenta una historia apasionante, se lee con facilidad porque está muy bien escrito, está muy bien documentado y por eso hay que comprarlo y leerlo.

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